Actualizando my acta bautismal
Saludos, me llamo Victoria y soy madre de tres niños y también una mujer trans católica practicante. De hecho todo el camino de mi transexualidad no se puede entender sin Dios, ya que fue Él quien me ayudó a superar mis miedos iniciales y me acompañó durante todo el viaje, protegiéndome del peligro, dándome fuerzas y no permitiendo que la desesperanza me invadiera en los momentos malos, porque sabía que Él estaba siempre conmigo.
Mis años de adolescencia y juventud fueron muy confusos. Yo sabia que era trans, que era diferente, pero me encontraba en negación y trataba de luchar contra mi autentico ser, intentaba encajar, "ser normal", como la mayoría de adolescentes y jóvenes, aunque supusiera ir contra mi autentica naturaleza. Quería tener hijos y pensaba que si era trans jamás podría tenerlos. Temía el rechazo al que me tendría que enfrentar, a los posibles problemas con familia y amigos, y también a que mi trabajo dando clases en un instituto se viera afectado, o que incluso lo perdiera por ser trans. Temía acabar en la calle, como le pasa a tantas mujeres trans. Tenía miedo de miles de cosas y por eso estaba en negación y negociación con mi realidad trans, viviéndola en el armario, vistiéndome a escondidas, de vez en cuando en secreto, con miedo a todo, y sin ver ningún futuro o salida de esa situación. No comprendía el plan de Dios para mi, y eso me había llevado a una doble vida penosa, en la que sentía que mentía a todos, incluida yo misma. Y como consecuencia, la depresión y finalmente el divorcio llegaron a mi vida. Y entonces fue cuando las cosas empezaron a cambiar. Un día estaba rezando, pidiéndole a Dios que hacer con mi vida y abrí la Biblia justo por Mateo 25:14, la parábola de los talentos y entonces comprendí cual era el plan de Dios para mi. La transexualidad era un regalo de Dios, un talento que Él me había dado para que lo usara y mostrara al mundo. Y en vez de eso yo lo había temido y lo había tratado de enterrar y todo mi sufrimiento venía de ahí. La parte final de la parábola, sobre el lloro y el crujir de dientes, no habla realmente del infierno, sino del armario donde la gente se encuentra cuando entierra los talentos que Dios le ha dado. Lo sé demasiado bien, porque es lo que he vivido durante muchos, demasiados años, ese llorar y crujir de dientes. Pero nunca más, gracias a Dios que me salvó.
Y una vez que entendí los planes de Dios para mi y acepté mi transexualidad como un regalo y no una maldición, fue cuando pude superar mis miedos y empezar mi transición. Y Dios estuvo conmigo durante todo el proceso, porque me dió todo lo que pude soñar y más todavía. Esperaba muchos problemas en mi trabajo y no tuve ninguno. Esperaba rechazo por parte de mi familia y amigos, y aunque hubo algún que otro malentendido, no hubo rechazo. Y con el tiempo, los malentendidos se fueron aclarando. Conocí a mucha gente nueva, empecé a involucrarme en asociaciones lgbt cristianas, algo de lo que antes jamás había oído hablar, e incluso me enamoré y volví a tener pareja de nuevo.
Pero lo mejor de todo sin duda es que mi conexión y relación personal con el Señor ha mejorado y se ha intensificado y estrechado enormemente desde que hice la transición. Gracias a Él yo soy ahora una persona completamente transformada, mucho más compasiva, mas cariñosa, más intuitiva y en armonía con todo lo que me rodea. Y todo eso ha sido posible gracias al Señor y su Amor que me envolvió y me transformó el corazón, cambiándome mucho más por dentro que por fuera. Salir del armario no me ha alejado de Dios, mas bien al contrario, me ha acercado mucho más a Él, estrechando nuestra relación y haciendo de mi una mejor persona, una persona nueva. ¿Cómo puede ser eso algo malo, incorrecto o incluso un pecado?
Aunque a veces todavía me siento como una oveja perdida, porque la Iglesia Católica tiene reacciones muy divididas hacia la gente como yo. Algunos sacerdotes me aceptan sin ningún problema tal y como soy, y con ellos me siento un miembros más de la comunidad, pero otros me señalan y apartan, llegando a veces hasta negarme el acceso a los sacramentos, a la comunión y al perdón de los pecados en la confesión, y entonces me siento claramente rechazada por la Iglesia. Y es que no hay termino medio. O la transexualidad es simplemente como Dios me ha hecho y no tiene mayor importancia o es el mayor pecado que puedas cometer y todo lo demás carece de importancia si eres transexual. Y nunca sabes como será cada nuevo sacerdote que conoces, si de un lado o de otro. Puedo ser bien aceptada en la comunidad, hacer incluso cursos de cristiandad, retiros y participar en mi parroquia o comunidad activamente y de repente aparece un nuevo sacerdote y todo cambia muy rápidamente a peor. Es un poco aleatorio y muy decepcionante, pero mi fe me ha mantenido dentro de la Iglesia incluso tras sufrir el rechazo más absoluto, porque sé que Dios esta conmigo, que mi relación con Él es autentica, y que eso es lo que realmente importa, aunque haya quien no lo entienda. Pero aun así la situación es dura y se cobra su precio y si no fuera porque siento fuertemente la presencia del Señor dentro de mi, que me pide que continúe aquí en su Iglesia, yo también me habría ido hace tiempo de la Iglesia Católica, como han hecho muchas personas lgtb antes que yo.
Y no solo he persistido dentro de la Iglesia, sino que Dios me ha dado una gracia que me gustaría compartir con todos vosotros, porque si la queréis vosotros también podéis tenerla, al igual que yo. Se me ocurrió la idea de actualizar mi acta bautismal, poniendo mi nombre actual en ella, en vez del de nacimiento. Era una idea un poco tonta al principio, porque por supuesto Dios me conoce por completo y Él sabe cuál es mi autentico nombre, el actual y no el de nacimiento, así que era un poco innecesario, pero cuanto más pensaba en ello, más me gustaba la idea de actualizar mi acta bautismal, incluso quizás hasta celebrando una nueva ceremonia. Pregunté a un sacerdote amigo y descubrí que el bautismo no se puede repetir, porque el bautismo nos hace hijos de Dios y eso es irrepetible y ni siquiera la excomunión puede cambiar eso, pero que si existe un procedimiento para cambiar el nombre en el acta bautismal, que se puede hacer cuando este es diferente del nombre legal de la persona bautizada. Es un procedimiento que normalmente se usa en casos en los que durante el bautizo el bebe no tiene padre conocido y este después aparece o finalmente reconoce al niño y se cambian sus apellidos y situaciones de ese estilo, para poder actualizar el acta bautismal al nuevo nombre legal de la persona bautizada. Y yo, como una mujer trans, podía utilizar ese procedimiento para pedir que actualizaran mi acta bautismal a mi nombre actual, mi nombre legal, en vez del de nacimiento. Y vosotros también podéis hacerlo si sois transexuales y queréis actualizar vuestra acta bautismal como hice yo.
Lo que hay que hacer es ir a la parroquia donde os bautizasteis y solicitar el acta bautismal para actualizarla. En la parroquia os darán una copia de vuestra acta bautismal original pero necesitareis un permiso especial de vuestro obispo para poder actualizarla. Así que el siguiente paso es ir a la oficina del obispo y rellenar una solicitud pidiendo permiso para actualizar vuestra acta bautismal, adjuntando copia del acta original que os han dado en la parroquia y los documentos legales de identidad con vuestro nombre actual. En cada sitio a donde yo iba yo aprovechaba para explicarle a la persona que me atendía el porque actualizar el acta bautismal era importante para mi, que no era solo un acto burocrático, sino algo muy importante, incluso sagrado, para mi. Y creo que eso ayudó en mi petición, porque tras esperar un par de semanas la secretaría de mi arzobispo me concedió el permiso necesario. Recogí el permiso y lo llevé a la parroquia donde me bauticé y allí actualizaron mi acta bautismal y me dieron una copia del nuevo. El procedimiento completo no tardó mucho, algo menos de dos meses y tampoco fue caro (algo menos de 50 euros, como 50 dólares, en total). Yo por tanto recomiendo a todas las personas trans que quieran actualizar su acta bautismal a que lo intenten. Es cierto que puede que el obispo no les de permiso, pero nunca lo sabrán si no lo piden, y como dije más arriba la actitud en la Iglesia Católica respecto a las personas lgbt es muy variable, así que las posibilidades no son tan bajas, es prácticamente un 50%.
Aun así mentiría si no dijera que cuando por fin recibí mi nueva acta bautismal actualizada me quede bastante decepcionada. Yo esperaba que se hubiera cambiado mi nombre de nacimiento por el actual y ya fuera el único que apareciera en el documento, pero lo que había ocurrido en realidad es que mi nombre de nacimiento seguía apareciendo en el centro del acta con letra grande y en un pequeño margen a la izquierda aparecía en letra pequeña la siguiente nota "Según consta en xxxx la persona inscrita ha modificado su nombre a efectos meramente registrales civiles por el de Victoria"
Lo cierto es que esperaba mucho más que eso. Y sin embargo, un par de semanas después, me di cuenta que este acta bautismal con los dos nombres, el de nacimiento y el actual, era en realidad una autentica gracia de Dios, un regalo mucho mejor que el que yo esperaba inicialmente, solo con mi nombre actual. Porque es cierto que Dios no nos da lo que pedimos, sino aquello que necesitamos. Y este acta bautismal con ambos nombres reconoce que yo soy una persona bautizada, confirmada e incluso casada dentro de la Iglesia Católica. Gracias a este documento yo he sido aceptada oficialmente dentro de la Iglesia Católica como una persona trans, como alguien que ha cambiado su nombre, pasando de un nombre de varón a uno de mujer. Que estoy bautizada, que he cambiado mi nombre y que sigo siendo un miembro de pleno derecho de la Iglesia Católica. Y esto es por supuesto una autentica gracia de Dios, porque ya nunca volveré a sentirme rechazada cuando un sacerdote me señale o aparte por ser trans, porque sé que ser trans es simplemente lo que soy, lo que mi acta bautismal dice que soy, el tipo de cristiana bautizada que yo soy, y como Santa Catalina de Siena dijo "Se quien Dios quiere que seas, y prenderas fuego al mundo entero"
Esta es quien yo soy, y estoy muy orgullosa de ello y de tener mi acta bautismal que me reconoce tal y como soy. Y si tu también eres transexual y te sientes parte de la Iglesia Católica, te animo a hacer lo mismo.
Hola. Pido perdón por el comentario fuera de sitio pero no he encontrado otra forma de contactar contigo. Pásate por el blog de Rol de los 90 en la entrada del 15 de octubre.
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