Testimonio cursillos (actualizado JMJ)

 Saludos, me llamo Victoria y soy madre de tres niños, mujer trans y cursillista del 776. Pueden parecer todas cosas dispares, pero en realidad están todas interrelacionadas muy firmemente, ya que todas forman parte de quien soy. De hecho todo el camino de mi transexualidad no se puede entender sin Dios, ya que fue Él quien me ayudó a superar mis miedos iniciales y me acompañó durante todo el viaje, protegiéndome del peligro, dándome fuerzas y no permitiendo que la desesperanza me invadiera en los momentos malos, porque sabía que Él estaba siempre conmigo.

Mis años de adolescencia y juventud fueron muy confusos. Yo sabía que era trans, que era diferente, pero me encontraba en negación y trataba de luchar contra mi autentico ser, intentaba encajar, "ser normal", como la mayoría de adolescentes y jóvenes, aunque supusiera ir contra mi autentica naturaleza. Quería tener hijos y pensaba que si era trans jamás podría tenerlos. Temía el rechazo al que me tendría que enfrentar, a los posibles problemas con familia y amigos, y también a que mi trabajo dando clases en un instituto se viera afectado, o que incluso lo perdiera por ser trans. Temía acabar en la calle, como le pasa a tantas mujeres trans. Tenía miedo de miles de cosas y por eso estaba en negación y negociación con mi realidad trans, viviéndola en el armario, vistiéndome a escondidas cuando encontraba ocasión, pero siempre en secreto, con miedo a todo, y sin ver ningún futuro o salida de esa situación. No comprendía el plan de Dios para mi, y eso me había llevado a una doble vida penosa, en la que sentía que mentía a todos, incluida yo misma. Y como consecuencia, la depresión y finalmente el divorcio llegaron a mi vida. Y entonces fue cuando las cosas empezaron a cambiar. Un día estaba rezando, pidiéndole a Dios que hacer con mi vida y abrí la Biblia justo por Mateo 25:14, la parábola de los talentos y entonces comprendí cual era el plan de Dios para mí. La transexualidad era un regalo de Dios, un talento que Él me había dado para que lo usara y mostrara al mundo. Y en vez de eso yo lo había temido y lo había  tratado de enterrar y todo mi sufrimiento venía de ahí. La parte final de la parábola, sobre el lloro y el crujir de dientes, no habla realmente del infierno, sino del armario donde la gente se encuentra cuando entierra los talentos que Dios le ha dado. Lo sé demasiado bien, porque es lo que he vivido durante muchos, demasiados años, ese llorar y crujir de dientes. Pero nunca más, gracias a Dios que me salvó.

Y una vez que entendí los planes de Dios para mí y acepté mi transexualidad como un regalo y no una maldición, fue cuando pude superar mis miedos y empezar mi transición. Y Dios estuvo conmigo durante todo el proceso, porque me dió todo lo que pude soñar y más todavía. Esperaba muchos problemas en mi trabajo y no tuve ninguno. Esperaba rechazo por parte de mi familia, hijos y amigos, y aunque hubo algún que otro malentendido, no hubo rechazo. Y con el tiempo, los malentendidos se fueron aclarando. Conocí a mucha gente nueva, empecé a involucrarme en asociaciones lgbt cristianas, algo de lo que antes jamás había oído hablar, e incluso me enamoré y volví a tener pareja de nuevo.

Pero lo mejor de todo sin duda es que mi conexión y relación personal con el Señor ha mejorado y se ha intensificado y estrechado enormemente desde que hice la transición. Gracias a Él yo soy ahora una persona completamente transformada, mucho más compasiva, mas cariñosa, más intuitiva y en armonía con todo lo que me rodea. Y todo eso ha sido posible gracias al Señor y su Amor que me envolvió y me transformó el corazón, cambiándome mucho más por dentro que por fuera. Salir del armario no me ha alejado de Dios, más bien al contrario, me ha acercado mucho más a Él, estrechando nuestra relación y haciendo de mi una mejor persona, una persona nueva. ¿Cómo puede ser eso algo malo, incorrecto o incluso un pecado?

Aunque a veces todavía me siento como una oveja perdida, porque la Iglesia Católica tiene reacciones muy divididas hacia la gente como yo. Algunos sacerdotes me aceptan sin ningún problema tal y como soy, y con ellos me siento un miembros más de la comunidad, pero otros me señalan y apartan, llegando a veces hasta negarme el acceso a los sacramentos, a la comunión y al perdón de los pecados en la confesión, y entonces me siento claramente rechazada por la Iglesia. Y es que no hay término medio. O la transexualidad es simplemente como Dios me ha hecho y no tiene mayor importancia o es el mayor pecado que puedas cometer y todo lo demás carece de importancia si eres transexual. Y nunca sabes cómo será cada nuevo sacerdote que conoces, si de un lado o de otro. Puedo ser bien aceptada en la comunidad, hacer cursos de cristiandad, retiros y participar en mi parroquia o comunidad activamente y de repente aparece un nuevo sacerdote y todo cambia muy rápidamente a peor. Es un poco aleatorio y muy decepcionante, pero mi fe me ha mantenido dentro de la Iglesia incluso tras sufrir el rechazo más absoluto, porque sé que Dios está conmigo, que mi relación con Él es autentica, y que eso es lo que realmente importa, aunque haya quien no lo entienda. Pero aun así la situación es dura y se cobra su precio y si no fuera porque siento fuertemente la presencia del Señor dentro de mí, que me pide que continúe aquí en su Iglesia, yo también me habría ido hace tiempo de la Iglesia Católica, como han hecho muchas personas lgtb antes que yo.

Y no solo he persistido dentro de la Iglesia, sino que Dios me ha dado varias gracias estando dentro de ella. Una el poder ser madre y mujer a la vez, algo que siempre pensé que era imposible, que debía decidir entre tener hijos, ser padre/madre o vivir como mujer trans, que las dos cosas a la vez eran imposibles, incompatibles, pero para el Señor no hay nada imposible, bien lo puedo atestiguar yo, y el Señor me ha permitido ser madre y mujer, como cualquiera, haciendo posible lo imposible. Otra gracia también la ha mencionado antes, el poder participar en el cursillo 776, una autentica experiencia que estrechó mi relación con el Señor, que me transformó, a partir de la cual pude sentir que lo llamaba amigo sin faltar a la verdad, y desde entonces se que Él cuenta conmigo, pero yo aun mejor, el ciento por uno, sé que cuento con su presencia y amistad y no hay nada mejor que eso. El cursillo 776 estuvo llena de ricas experiencias pero si tuviera que destacar alguna sería sin duda aquel momento en que tuvimos al Señor en nuestras manos, un trocito de Dios cada uno, que se sacrifica y entrega por nosotros una y otra vez, y en ese momento lo tenía ahí, a Dios entre mis manos y fue un momento precioso, la verdad, una autentica gracia dentro de otra gracia. Y el cursillo me enseño también muchas cosas, por ejemplo a que busquemos una iglesia circular, con Dios en el centro y no piramidal, y a que tras la misa pasemos un ratito rezándole al Señor en el sagrario, una bonita costumbre que aprendí en el cursillo 776 y que ya es parte de mi desde entonces, como tantas y tantas cosas.

Pero no son esas las únicas gracias que el Señor ha tenido a bien regalarme, sino que por ejemplo el año pasado pude actualizar mi acta bautismal, que estaba con mi nombre de nacimiento, a mi nombre autentico, el que el Señor conocía para mi desde antes que naciera, pero claro, mis padres, confundidos al ver mis genitales, no acertaron a ponerme, y por eso mi acta bautismal no estaba correcta. Y puede parecer una tontería, un detalle sin importancia, pero lo cierto es que era algo muy importante, incluso sagrado, para mí. El caso es que para poder cambiar el acta bautismal es necesario pedir permiso al arzobispado, que estudia tu caso y lo concede o no. Pero como ya digo el Señor y el arzobispado tuvieron a bien concederme esta gracia de permitirme actualizar mi acta bautismal. Aun así mentiría si no dijera que cuando por fin recibí mi nueva acta bautismal actualizada me quede bastante decepcionada. Yo esperaba que se hubiera cambiado mi nombre de nacimiento por el actual y este fuera el único que apareciera en el documento, pero lo que había ocurrido en realidad es que mi nombre de nacimiento seguía apareciendo en el centro del acta con letra grande y en un pequeño margen a la izquierda aparecía en letra pequeña la siguiente nota "Según consta en xxxx la persona inscrita ha modificado su nombre a efectos meramente registrales civiles por el de Victoria"

Lo cierto es que esperaba mucho más que eso. Y sin embargo, un par de semanas después, me di cuenta que este acta bautismal con los dos nombres, el de nacimiento y el actual, era en realidad una autentica gracia de Dios, un regalo mucho mejor que el que yo esperaba inicialmente, solo con mi nombre actual. Porque es cierto que Dios no nos da lo que pedimos, sino aquello que necesitamos. Y este acta bautismal con ambos nombres reconoce que yo soy una persona bautizada, confirmada e incluso casada dentro de la Iglesia Católica. Gracias a este documento yo he sido aceptada oficialmente dentro de la Iglesia Católica como una persona trans, como alguien que ha cambiado su nombre, pasando de un nombre de varón a uno de mujer. Que estoy bautizada, que he cambiado mi nombre y que sigo siendo un miembro de pleno derecho de la Iglesia Católica. Y esto es por supuesto una autentica gracia de Dios, porque ya nunca volveré a sentirme rechazada cuando un sacerdote me señale o aparte por ser trans, porque sé que ser trans es simplemente lo que soy, lo que mi acta bautismal dice que soy, el tipo de cristiana bautizada que yo soy, y como Santa Catalina de Siena dijo "Se quien Dios quiere que seas, y prenderas fuego al mundo entero"

Y este verano tuve la oportunidad de ir a las JMJ en Lisboa y fue también un autentico regalo del Señor, y también de alguna forma un intento de trabajar por el Señor, dando testimonio de todo lo bueno que había hecho en mi y compartiendo esta buena nueva con jóvenes y sacerdotes de todo el mundo. Y estuve allí y senti que hacia misión, que abría camino, que daba testimonio. Que el Papa decía que estas JMJ eran para todos, todos, todos, y yo era parte de ese todos del que hablaba el Papa. Lo cual no quiere decir que no hubiera dificultades, porque aunque la mayoría de las personas a las que dábamos testimonio nos escuchaba con interés e incluso algunas nos apoyaban activamente, también hubo quien se alejaba de nosotros como leprosos, o quien nos acusaba de diabólicos. En una ocasión hubo que llamar a la policía para que desalojaran a un grupo de personas que no nos dejaba celebrar misa. Y a un grupo de compañeras las apedrearon de camino a la vigilia del ultimo dia y tuvieron que acabar el dia en comisaria denunciando el ataque en vez de en el campo de gracia, con el resto de jóvenes convocados por el Papa para participar todos juntos en las JMJ. Yo por ejemplo tuve que dormir al raso esa noche, porque en el ataque se perdió el saco de dormir que era para mi. Pero esas dificultades no sirvieron mas que para acrecentar mi fe, que lo que hacíamos merecía la pena, que estábamos abriendo camino, que las JMJ eran para todos, todos, todos y que ser atacadas por mostrar tu fe era motivo de bienaventuranza y no de desconsuelo.

Hace ya dos años que pertenezco a cursillos y en este tiempo el Señor no ha dejado de darme una gracia tras otra, en el propio cursillo en 2021, en mi acta bautismal actualizada en 2022 y en poder participar en las JMJ en 2023. Y simplemente quería poder compensar un poco todas estas gracias que me ha ido regalando el Señor dando hoy testimonio para todos vosotros. De colores.

 

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